El mate no apareció de la nada. Tampoco lo inventó nadie en particular. Fue creciendo despacio, pasando de mano en mano, de generación en generación, hasta convertirse en lo que es hoy: una bebida, sí, pero también un símbolo cultural que Argentina exporta al mundo con más orgullo que cualquier otra cosa.
Esta es esa historia.
Todo empezó con los guaraníes
Mucho antes de que llegaran los españoles, los pueblos guaraníes ya consumían las hojas del árbol de yerba mate. Lo hacían de forma distinta a como lo hacemos hoy: masticaban las hojas directamente, o las colocaban en una calabaza con agua y bebían usando sus dientes como filtro o por medio de una caña. A esa planta la llamaban "caá", y al recipiente lo llamaban "caiguá", aunque los españoles terminaron adoptando la palabra quechua "matí" para referirse a la calabacilla, de donde viene la palabra "mate" que usamos hoy.
Para los guaraníes no era solo una bebida. Tenía un lugar en sus rituales, en sus travesías por la selva, y en su vida cotidiana. Lejos de aflojarlos, según registros históricos de la época, las hojas de yerba les daban mayor resistencia para las largas caminatas y para las labores diarias.
Esa planta, que crecía silvestre en las selvas de lo que hoy es Misiones, Paraguay y el sur de Brasil, era parte de su mundo mucho antes de que alguien pensara en ponerla en un paquete.
Los jesuitas y el primer gran salto
Según el historiador Ruy Díaz de Guzmán, fue Hernando Arias de Saavedra, conocido como Hernandarias, quien hacia 1592 encontró yerba mate entre los objetos de unos indios guaraníes. Muy pronto esa bebida se difundió entre los colonizadores.
Cuando llegaron los jesuitas a la región, a principios del siglo XVII, encontraron una práctica ya arraigada. Al principio intentaron prohibir el consumo de yerba entre los indígenas de las misiones: el padre Antonio Ruiz de Montoya llegó a afirmar en 1636 que era el demonio quien había instruido a los indios sobre su uso. No duró mucho esa postura.
Con el tiempo, no solo aceptaron el consumo sino que empezaron a cultivar la planta de forma sistemática en las reducciones jesuíticas, desarrollando técnicas de cultivo, irrigación y trabajo organizado. Así nació el apodo "té de los jesuitas", que la infusión recibió durante ese período. Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, gran parte del conocimiento sobre el cultivo se perdió y el consumo volvió a depender de la recolección en el monte.
El mate en la época colonial: de costumbre indígena a hábito regional
Durante el período colonial, el mate fue ganando terreno entre los criollos y los españoles que vivían en la región. El consumo se difundió en el siglo XVII llegando a toda la región del Río de la Plata, y de ahí a Chile y Perú. La yerba se convirtió en el principal producto de Paraguay por encima del tabaco y otras mercancías.
La figura del gaucho lo instaló definitivamente en el imaginario argentino. El gaucho tomaba mate en la campaña, solo o en rueda, usando recipientes hechos de calabaza y bombillas de caña o metal. Era parte de su vida en la llanura, tan natural como el caballo o el facón.
El siglo XIX y la consolidación del ritual
Con la independencia argentina y la formación del Estado nacional, el mate ya era una costumbre tan arraigada que nadie se preguntaba de dónde venía. En ese período se fueron asentando los rituales que conocemos hoy: el cebador que prepara el mate y lo pasa en orden, el "gracias" que indica que no querés más, la temperatura del agua que no debe hervir. Normas no escritas transmitidas de generación en generación sin que nadie las dictara formalmente.
Las primeras empresas yerbateras comenzaron a organizarse a fines del siglo XIX y principios del XX, especialmente en Misiones y Corrientes, convirtiendo lo que era una producción artesanal dispersa en una industria estructurada. Cuando los empresarios brasileños volcaron su atención al café en la década de 1930, Argentina se convirtió también en el mayor productor, avivando la economía misionera donde los jesuitas habían tenido sus principales plantaciones.
El mate en el siglo XX: de lo cotidiano a lo identitario
En el siglo XX, el mate dejó de ser solo una costumbre para convertirse en un símbolo. Empezó a aparecer en la literatura, en la música popular, en el cine, en la publicidad. Se volvió una forma de decir "somos argentinos" sin decirlo con palabras.
También cruzó fronteras. Uruguay lo adoptó con la misma intensidad. En Paraguay y el sur de Brasil también es parte del paisaje cotidiano. Y en las últimas décadas, el mate empezó a cruzar el Atlántico de la mano de comunidades emigrantes argentinas.
El 3 de julio de 2013, el Senado de la Nación sancionó la Ley 26.871 que declaró al mate infusión nacional, disponiendo su promoción en eventos y actividades culturales, sociales o deportivas de carácter oficial. Un reconocimiento formal a algo que ya era obvio para cualquiera que viviera en el país.
Hoy: el mate como marca global
Según datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), en Argentina se consume un promedio de 6,4 kg de yerba por habitante por año, y la yerba mate está presente en más del 90% de los hogares. Argentina es hoy el principal productor y exportador mundial de yerba mate, exportando a más de 50 países.
Ese alcance global no cambió lo más importante: en Argentina, el mate sigue siendo lo mismo que siempre fue. Una excusa para parar un momento, juntarse con alguien, y compartir algo sin necesidad de que sea una ocasión especial.
Eso no lo logró ninguna campaña de marketing. Lo construyeron siglos de historia, de transmisión silenciosa de una generación a la siguiente, de millones de ruedas de mate que nadie registró pero que dejaron su huella.
Si querés ser parte de esa historia, el primer paso es simple: un buen mate, una buena yerba, y agua a la temperatura justa.
[Ver nuestra selección de mates y yerbas]
Referencias
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La Nación — Historia del Mate (Ilex paraguariensis): Los Jesuitas, Yerbateros Expertos
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InfoLEG — Ley 26.871: Declárase al Mate como infusión nacional
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Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) — El Mate cumple 10 años como Infusión Nacional
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Cultura Genial — La leyenda de la yerba mate: dos versiones de la tradición guaraní

